EL CRUCE DE LOS ANDES

Por Mabel Trifaro

Luego de declarada la independencia en 1816, la región norte se había puesto muy peligrosa. Comenzadas las hostilidades el Congreso debió trasladarse a Buenos Aires.

Los realistas avanzaban con ejércitos numerosos y armamento muy superior a las tropas que el Ejército del Norte podía tener.

Belgrano y Güemes habían desplegado todas sus fuerzas y todo su valor pero la lucha era muy despareja.

San Martín con toda su experiencia puso su mirada hacia el oeste y buscó todos los recursos necesarios desde Mendoza para desorientar al enemigo.

A mediados de 1816, San Martín se instaló en el campamento de El Plumerillo, ubicado en las adyacencias de la ciudad de Mendoza, donde constituyó su Estado Mayor. La actividad de San Martín incluyó un complejo plan para engañar al enemigo (Guerra de Zapa) mediante el envío de espías y conferencias con indígenas difundiendo el rumor de que cruzaría los Andes por un paso más al sur, lo cual era de mayor factibilidad. Los indígenas pehuenches comunicaron estos planes a los españoles de Chile, quienes así dispersaron sus fuerzas y perdieron poder de resistencia.

Utilizó la Guerra de Zapa, que en términos militares es referida a las tácticas para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje.

A fines de 1816 San Martín estaba listo para partir, el Ejército de los Andes tenía 5200 hombres, 10.000 mulas de silla y carga, 1600 caballos de pelea para maniobrar en el llano, 600 reses en pie para ser faenadas en el camino, 900 tiros de fusil y carabina, 2000 de cañón a bala, 2000 de metralla y 600 granadas. Además, contaba con todos los aprovisionamientos más necesarios para la campaña.

No recibía en esos tiempos demasiada ayuda de Buenos Aires. San Martín sabía que no podía esperar que el gobierno central le mandara más cosas. Necesitaba armas y decidió montar una fábrica en el campamento de El Plumerillo cerca de la ciudad de Mendoza, al frente de la cual estaba el sacerdote Fray Luis Beltrán, quien fabricó fusiles, bayonetas, cañones y municiones con la ayuda de los habitantes de Cuyo.

Llevaba en la difícil campaña un médico de origen inglés, pero nacionalizado, era el doctor James Paroissien que ofició como cirujano mayor del Ejercito de los Andes y que en algunas oportunidades tuvo que atender las afecciones del Libertador. San Martín padecía problemas pulmonares, reuma y úlcera estomacal, pero esto no restaba su valor y firmeza al momento de luchar y arriesgar su vida por la patria.

La alimentación del ejército fue: plato sobre la base de carne seca (charqui) machacado, grasa, rodajas de cebolla cruda y agua hirviendo. Las columnas que llevaban los víveres iban a retaguardia. Transportaron más de 4 toneladas de charqui, galletas de maíz, 113 cargas de vino, aguardiente para disminuir el frío nocturno, ajo y cebolla (para combatir el apunamiento) 600 reses para la provisión de carne fresca, quesos y ron.

No había dinero para comprar cantimploras y se resolvió usar cuernos de vaca para fabricar recipientes individuales para cada soldado.
La estrategia era de un militar con toda la sapiencia y experiencia desarrollada del siguiente modo: dos divisiones, una al mando del general Miguel Estanislao Soler y otra al mando del general chileno Bernardo de O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Otra división ligera, que cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada con el objetivo de apoderarse de la ciudad chilena de Coquimbo, iba al mando de Juan Manuel Cabot. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copiapó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina. Por el Sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas lideradas por Manuel Rodríguez.

San Martín pensaba que los auténticos dueños del país eran los habitantes originarios de América y se refería a ellos como “nuestros paisanos los indios”.

Antes de cruzar los Andes se reunió con caciques pehuenches al pie de la cordillera y les solicitó permiso porque le dijo: “ustedes son los verdaderos dueños de este país”. Del otro lado de los Andes las tropas patriotas lograron su primera victoria el 12 de febrero de 1817 en la cuesta de Chacabuco. La victoria de Chacabuco permitió la ocupación de la capital chilena. El 18 de febrero de 1818 se convocó en Santiago de Chile a un Cabildo Abierto que designó a San Martín Director Supremo. Don José rechazó el ofrecimiento y propuso al patriota chileno Bernardo de O’Higgins para el cargo.

La campaña continuó, solo esa es la primera y más difícil proeza que se haya desarrollado para lograr la libertad de América.

En momentos de quietud a San Martín le gustaba mucho jugar al ajedrez y era muy difícil ganarle. Había practicado desde chico en sus diversos destinos militares y tuvo la ocasión de enfrentar con éxito a grandes jugadores. Tocaba muy bien la guitarra y en ciertas ocasiones, cuando los avatares de la guerra lo permitían, daba improvisados conciertos para sus “compañeros del Ejército de los Andes”, como él los llamaba.

El ejército tuvo que soportar grandes cambios de clima. La sensación térmica se agudizaba  con la altura. De día el sol es muy fuerte, se llegaba a temperaturas de más de 30 grados y durante la noche el viento helado, con mínimas de 10 grados bajo cero, podía llevar al congelamiento. La altura promedio es de 3000 metros, lo que provocó en muchos hombres fuertes dolores de cabeza, vómitos, fatiga e irritación pulmonar.

Todo este lo hace cada vez más grande al Padre de la Patria.

 

Bibliografía: Galasso Norberto (2007) “ Seamos libres y lo demás no importa nada: vida de San Martín. Furlong Guillermo: «Fue una hazaña que raya en la esfera de lo impracticable, de lo imposible.» Todo es Historia

Mitre Bartolomé (1950)” Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana

Piña Felipe “Los mitos de la Historia Argentina”

Romero José Luis “Breve historia de la Argentina”

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